poema

Vida antes de la vida de los pájaros:

raíz de sequoia, madre, hija de clanes, antes de la raíz la dádiva, brotan de la tierra papas salvajes, baja la sangre del cielo y un ave oscila entre su nido y la nube, entre nube y nube, entre montaña y nube, entre dos aguas, dos riveras, en el camino carente de pronto de todo sentido perdiendo la ruta en el ventarrón del amargo pecho, y la voz del cerro que se orilla hacia el oído de tierras morenas que no se enferman, y llueve el agua de madres que han parido entre las ramas, flujos chéroquis que se encausan hacia la boca de las riveras sureñas y brotan entre largas lenguas susurrando sobre arroyos rigurosos que se aíslan y rebalsan diciéndole entre líneas y fugas que pensar es como respirar, que se piensa como se respira y que hay pensamientos que son suspiros, se inhala y se expira, se insufla y se escapa el último aliento, así como se sopla o se chifla, y eso dicen esos ríos caudalosos: pensar es como respirar, porque donde hay flujo también hay pereza y hay un río, siempre hay un río bajando hacia alguna fantasmal esquina del mundo, flujo que despierta las raíces de los árboles, que lleva leños dormidos bajo el musgo, vísceras de limo y hojas sin herrumbre, ríos que caen desde ese límite del cielo en forma de relámpago anunciando el cuerpo de un indio muerto que reza el murmullo en una agonía de pájaro, el sonido duro de un zanate en el charco de la muerte.

Despierta flor
fragancia / mosco hambriento

cigarra en el piso
guarda

el silencio de las ramas.

[Ilustración: Eme]

[Vendetta, 2012]

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